Carlos Marqués-Marcet: “Me interesan especialmente los momentos de cambio”

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La película española Els dies que vindran (Los días que vendrán, 2019) sumó a su amplio palmarés —que suma varios premios Biznaga del Festival de Cine de Málaga— el Premio de la Prensa Nacional de FIC Gibara 2019, compartido con el largometraje chino Animal World (Lam Can-zhao, 2018). El director catalán Carlos Marqués-Marcet, presente en la cita gibareña, conversó acerca de algunas particularidades de su obra.

Tus dos largometrajes previos a Los días que vendrán: 10.000 kilómetros (2014) y Tierra firme (2017) tienen como constante los procesos psicológicos y sociales que suscita el embarazo en los seres humanos…

Me interesan especialmente los momentos de cambio. Los momentos en que tu vida cambia radicalmente y nunca será la misma. Creo que antes había rituales sociales, como en los que la persona se casaba y se iba a vivir a la casa de la otra familia. Por ejemplo, todas las películas de [Yasujirō] Ozu giran alrededor de este tema, porque realmente era el momento en que las vidas de los protagonistas se modificaban.

Hoy día, excepto la muerte, hay muy pocas cosas inamovibles. Hay pocos momentos que cambian radicalmente tu vida. Y el embarazo es uno de ellos. De alguna manera es un momento que te permite pensar mucho el mundo en que vives. Obviamente hemos venido aquí para reproducirnos a nivel de especie, por lo que pensar este momento en un contexto socioeconómico determinado me permite entender un poco mejor cómo vivimos en el mundo, cómo vivimos en nuestra sociedad.

¿Te deslindas, entonces, por la dimensión cultural del proceso de gestación que va más allá de la determinante natural?

Sí, aunque el bebé crece en esa barriga independientemente de todo lo que podamos pensar, sentir, construir, hablar, decir. La barriga sigue creciendo. De alguna manera había un interés por documentar ese aspecto extracultural, que es ese cuerpo que cambia, y confrontarlo a la vez con todo el terremoto emocional y un poco logístico-material que sucede en una pareja cuando queda embarazada. Son como dos películas que se mantienen en tensión, y al final se cruzan.

¿Por qué optaste por la opción más difícil: la ficción, en vez de realizar un documental de observación a la verdadera vida de la pareja de actores embarazados?

Fue por varios motivos, pero lo principal es que porque son actores. Son muy conscientes de la cámara, muy conscientes de la imagen que dan. Si hubiéramos hecho un documental, estarían constantemente intentando controlar su imagen. Y había muchas cosas que no se atreverían a hacer o mostrar, si fuesen ellos mismos. Sobre todo por una cuestión de pudor.

Por otro lado, me interesaba el proceso de trabajo con mis colaboradores. Es un proceso de creación. El director es un poco como un vampiro, que va chupando la sangre a todo el mundo. Y me gusta que, en vez de ir absorbiéndola yo, me la entreguen y así puedo alimentarme. En ese sentido era importante que los actores se sintiesen parte de un proceso creativo: desde la conformación de personajes. Todo va de elaborar y pensar juntos. No es como que voy a grabarlos, sino que entre los tres construimos una realidad, y sobre todo intentamos reconstruir esa intimidad que, en el momento en que pones una cámara, desaparece. A veces los documentales lo consiguen, pero cuesta mucho llegar a una cierta intimidad. Sobre todo si la gente es muy consciente del poder de una cámara.

Mencionaste a Yasujirō Ozu como una influencia importante…

Ozu siempre está ahí y nunca se acaba. Puedes volverlo a ver una vez, y otra, y otra… Supongo que conecta conmigo por el poder más fuerte que tiene el cine: expresar el paso del tiempo. Cuando trabajo pienso mucho en Ozu, pero siempre tengo claro que trabajó en Japón, a partir de ahí logra una dimensión universal, pero siempre desde lo local. Y se trata de cómo puedo ver mi realidad desde mi perspectiva, intentar encontrar una forma cinematográfica que tenga que ver con mi propio carácter. Obviamente, los catalanes somos muy distintos a los japoneses. Nunca podremos filmar así. Pero tiene que ver con el espíritu y el paso del tiempo, que es una de mis obsesiones.