Dos Fridas es una construcción poética… Conversación con Ishtar Yasin

Con Dos Fridas, largometraje de ficción de Costa Rica realizado en 2018, Ishtar Yasin Gutiérrez (Moscú, Rusia, 1968) obtuvo el Premio Lucía de Mejor dirección en el XV Festival internacional de Cine de Gibara. El filme –inspirado en la relación entre la enfermera costarricense Judith Ferreto y la pintora mexicana Frida Kahlo– mereció también el Premio Lucía en el apartado de Mejor fotografía, a cargo del español Mauro Herce.

Acerca de las particularidades de Dos Fridas, cuyo guion también realizó y donde interpreta, además, el personaje de la pintora, conversamos en exclusiva con Ishtar Yasin.

Dos Fridas es tu segundo largometraje de ficción… ¿Cuánto crees que, como cineasta, has evolucionado artísticamente desde que realizaste El camino (2008) hasta este nuevo filme?

En ambas películas hubo búsquedas diferentes. En El camino esta estaba relacionada con un cine de ficción que se entrelaza con el documental. Entonces buscaba esa estética y es una propuesta muy diferente a la de Dos Fridas, en donde exploré, sobre todo a nivel estético, las posibilidades que me daba el cine. Al tratarse de una pintora como Frida Kahlo, me llevó también a buscar la pintura como fuente de inspiración y mirar dentro de su obra. Sin embargo, creo que en ambas películas hay similitudes. Siempre me ha interesado explorar el mundo del subconsciente y en Dos Fridas sí tuve más posibilidades de buscar en el mundo de los sueños, de lo invisible, eso que no vemos… Eso me llevó a otra exploración dentro del cine. Para mí es importante no repetir, sino más bien arriesgar, no intentar utilizar fórmulas sino absolutamente encontrar tu propia voz, crear un universo. Creo que sí ha existido un desarrollo y he aprendido mucho sobre las posibilidades y herramientas que tiene el cine como expresión artística.

En Dos Fridas, un subconsciente relacionado con la religiosidad y la cultura mexicana…

Mexicana y latinoamericana, porque Frida es latinoamericana. Nos representa y además, a todas las mujeres del mundo. Con esta película vengo llegando del Festival Internacional de Cine de Shanghái. Fue muy impresionante ver como en China, sobre todo un público femenino, asistió a las presentaciones, conocía a Frida y quería saber más sobre ella. Igualmente la presenté en San Petersburgo, Líbano, Egipto… Y en Chicago, por supuesto, que es donde surge el mito y el ícono de Frida Kahlo como un símbolo para las mujeres artesanas, los emigrantes, los marginados… que se identifican con Frida a través del dolor; el dolor que ellos viven es el que ella plasma en sus pinturas.

Frida Kahlo ha tenido abordajes previos en varios largometrajes de ficción. Entre ellos destaca Frida, naturaleza viva, de Paul Leduc; Frida, de Julie Taymor, interpretada por Salma Hayek… ¿Qué te motivó abordar la vida –o este momento particular de la vida– de la importante artista mexicana? ¿Cómo llegas a la historia de Dos Fridas?

Vi una pintura de Frida Kahlo por primera vez a mis quince años, La venadita herida. Me identifiqué con ella, me impactó, porque hay pocas mujeres que han sido tomadas en cuenta, en proporción, digamos, en la historia del arte. Para mí ella refleja una búsqueda muy femenina, también humana, más cercana a la naturaleza, a lo mitológico, a lo cíclico, a una búsqueda íntima, de los sueños, de ese mundo invisible… Luego descubro a Judith Ferreto, su enfermera, que era costarricense. La cuidó en los últimos años de vida, cuando Frida pintaba y escribía su diario íntimo, que es un libro maravilloso y una referencia para mí. Descubro a Judith y una sobrina de ella me cuenta que cuando la cuidaba, se vestía como Frida, se pintaba el entrecejo como Frida. Una biógrafa de Frida me cuenta que la entrevistó en un hospital en México cuando tuvo un accidente que le provocó fracturas similares a las que tuvo Frida. A mí me interesó qué había motivado esa incorporación del personaje de Frida en Judith, algo que también viví yo misma y que viven muchas mujeres y personas en el mundo entero.

Judith Ferrero es interpretada por la portuguesa Maria de Medeiros, considerada en su país como la mejor actriz de su generación y que ha trabajado con reconocidos directores como Philip Kaufman, Quentin Tarantino, István Szabó, Manoel de Oliveira, Bigas Luna, Isabel Coixet… Cómo fue el trabajo en Dos Fridas con Maria de Medeiros…

Fue maravilloso. Maria de Medeiros es una gran actriz, muy profesional, de inmensa sensibilidad. Propone mucho, trabaja desde el interior de sí misma, con gran expresividad y total dedicación a la película. Fue un placer trabajar con Maria, que además es una querida amiga. Creo que su trabajo y su talento se pueden ver en la película.

No solo diriges, sino que asumes el personaje de Frida Kahlo… Hablemos un poco de tu experiencia en la interpretación de un personaje que, como me dices, te había marcado desde joven, con una cosmovisión tan amplia y sugerente como la de Frida…

Fue muy duro e intenso. Interpreté a Frida hace muchos años en una obra de teatro. No era una obra descriptiva donde se contaba la vida de ella, sino una construcción poética, al igual que la película, que todos mis trabajos, que es lo que me interesa, la poesía. Lo que me apasiona, además, es contar historias, pero no son las historias lo que intento o quiero ilustrar, sino esas imágenes que reflejan los sentimientos que deseo trasmitir a los espectadores. Fue muy difícil porque estaba actuando los últimos años de su vida y los momentos más difíciles y duros físicamente y emocionalmente. Pero la conozco bastante, he leído todos los libros que he podido, he visto sus pinturas miles de veces, he visto esas películas que son más bien biográficas… Además, algo muy importante, como mujer directora es muy difícil luchar y enfrentarse a tantos obstáculos para poder realizar una película… Eso te provoca una fuerza interior muy intensa y desgarradora, que se convierte en voluntad y en necesidad de transformar el dolor en belleza mediante una obra artística. Al ser directora, cuando actué en la película, utilicé esos sentimientos y esa fuerza para poder sentir a Frida Kahlo desde adentro.

Puedo interpretar entonces que no te interesó realizar un retrato biográfico de los últimos años de Frida Kahlo sino mirar desde la poesía ese momento particular de su vida…

Me interesan los estados del alma. Los sentimientos profundos, más que representar de una forma externa. Creo que todo viene desde dentro y esa fue mi búsqueda y mi camino.

Es tu cuarta vez en el Festival Internacional de Cine de Gibara. Estuviste en la primera edición con Solás… ¿Qué representa para ti el Festival y estos premios que se lleva Dos Fridas…?

Yo amo este Festival con todo mi corazón. Tengo unas imágenes que durarán por siempre: Humberto Solás caminando, vestido de blanco, fuegos artificiales, y él aquí, justamente aquí –estamos sentados en uno de los bancos alrededor del parque principal de Gibara–, leyendo su manifiesto del cine pobre, un cine rico en imaginación. Es el cine que hago, porque no tenemos acceso a esos grandes presupuestos y tenemos que recurrir a la imaginación. A veces cuando existe mucho dinero, la gente no trabaja encontrando otras soluciones que pueden ser incluso mejores… Nunca olvidaré ese momento inaugural, pues este Festival me ha marcado la vida.

Recibir estos premios de las manos de Fernando Pérez, un cineasta que admiro profundamente, es una emoción muy grande para mí y un estímulo para continuar en esta lucha por un cine personal, autoral, artístico, que exprese mi visión del mundo y mi universo, y también del universo que nos rodea y de muchas personas que viven invisibilizadas y que necesitan ser rescatadas del olvido y que nosotros los cineastas privilegiados, porque aun cuando he tardado tantos años haciendo largometrajes soy una persona privilegiada, podemos usar ese poder para ayudar a otros a encontrar su propio camino.